Hay un susurro de arados roturando en la noche.

Hay un susurro de arados roturando en la noche.

Imaginen las sombras confusas de los chacareros a la luna.
Sus rostros serios, sus manos inmensas.
Las correas marcan la carne gris y el sudor.
Y el frío.
Los caballos bajan sus cabezas, resoplan en oscuro.

Imaginen bandadas de murciélagos en altas horas.
Vigilantes.

Miren los ojos de las sembradoras acostumbradas a la penumbra.
Sus brazos arrojan la semilla.
Fieles detrás de sus maridos.
Sin sentimiento arrastran los zapatos cortajeados y resecos,
llenos de tierra, los pies húmedos.
Y el frío.
El ruedo de sus polleras aplanando los surcos,
enterrando la simiente.

Los niños sentados en carretas,
trepados a las copas negras,
las manos en la cintura y
sus bocas quietas mientras otean el horizonte.

Quizás una hora más de trabajo antes del grito de alarma:

¡El alba!

[1997, publicado en 36 autores]

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Un pensamiento en “Hay un susurro de arados roturando en la noche.

  1. Gabriela dice:

    El ruedo de sus polleras aplanando los surcos,
    enterrando la simiente.

    Esta imegen directamente es un cuadro….

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